martes, 18 de septiembre de 2012

querer

Hay que querer como chico Barque canta. Y llorar como Elza Soarez. Hay que dejar que la vida vibre como lo hace en el cuerpo de Nina Simone. Sufrir como la voz de Robert Plant en “since i`ve been loving you”. Hay que pelear, saber pelear y destruir con las frases de “burnin´ and lootin´”. Hay que bailar mucho y gritar. Hay que entender que la rabia es un regalo, quemar los bancos y robar libros y lanzarse en la búsqueda de lo que no existe. Hay que ser el acordeón de Landero, los vientos del gran Fela, la desesperación en Solstafir. Soñar y Ser pragmatico como Gardel en “sus ojos se cerraron” o Rolando Laserie en “las cuarenta”. Hay que ser punquero y no esperar nada de la vida, sentir a Crass raspando la piel hasta que sangre, sentir en el cuerpo el devenir inevitable de Napalm Death. Hay que morir y saber morir y dejarse llevar en Katatonia. Saber matar, saber ser Opeth.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Mujer Mariposa


Descenso no es una canción normal. La oí por primera vez luego de una larga fiesta en casa de quienes la compusieron. Ellos no estaban. Mi amigo me dijo que se parecían a las cosas que yo le mandaba. Antes me había dicho que tenía que oirlos, que eran muy buenos. Esta vez, al hacerlo, me recordaron a todas esas bandas tristes que dejan caer paredes de melacolía echa sonido sobre nuestros oídos, sonidos que ahora abundan en mi vida y que no piensan irse en un buen tiempo. Era como oir un asalto a Godspeed! You Black Emperor hecho por mayas. Luego supe que en ese lugar, casa Huayamilpas, hacían talleres de Son Jarocho y me los imaginé un poco jipis haciendose los campesinos y repitiendo, al son de la jarana, lo que su compañero había dicho segundos antes en la canción. Dormí en la cama de alguno de ellos mientras el tipo andaba en Alemania, me comí las manzanas de su nevera e hice mil veces café en su estufa.

Por esos mismos días pasaba las tardes en La Victrola, uno de esos lugares maravillosos que se mueren en el D.F. Valentina trabajaba en sus fotos de gente muerta y gente viva y yo...yo tomaba fotos y salía a caminar y oía música. Un día su papá, un señor argentino e imponente, se metió en una pelea sobre una fruta y sus espinas con una terquedad que yo no sabía posible. Otro día ambos gritaron emocionados cuando encontraron la grabación perdida que él le hizo a Cortazar en Nicaragua. Esa misma tarde contó como Alfredo - si, el señor le dice Alfredo al gran Zitarroza- se metió en una pelea que él inicio y en la que el cantante de "Zamba Pa´ Vos" intervino para tumbar de un golpe al contrincante. A partir de ese momento me di cuenta que estaba frente a una leyenda y el temor a su figura y su voz gruesa se convirtieron en un asunto reverencial. Yo veía los discos colgados en la pared, descubría todos los días algo distinto, me enamoraba de todos los sonidos guardados en esa casa, todos como una avalancha de la historia latinoamericana que alguien había luchado por no olvidar jamás. Discos y discos de todos los estilos posibles, grabaciones de cientos de músicos de todo el hemisferio, detalles de la historia
hecha sonido...y por supuesto, Oscar Chavez.

En otra ocasión Valentina me presentó a Leon Chavez Texeiro y yo lo dejé pasar como quien esquiva una bala. Por supuesto, ustedes no lo saben, pero soy muy bueno para esquivar balas. Texeiro hace parte del soundtrack de muchisimos mexicanos que he conocido, crecieron con él, con su actitud de "realmente no soy ni un gran cantante ni un gran músico, pero tres frases mías van a crear una fisura irreparable en la simpleza con la que ves el mundo". Sin embargo, aún no se muy bien cómo, había esquivado momentaneamente esa bala. En la casa de los Ampersan hicimos otra fiesta. Esta vez conmigo en la labor de diyei y uno de los que ordenaba la noche de karaoke. Una fiesta destructiva y maravillosa en la que todos los colombianos presentes saltaron sobre el microfono para cantar Soledad Criminal. Hubo dedicatorias a Miguel Angel Beltrán, hubo mezcal y una pataleta mia. Hubo un momento en el que dos tipos sacaron trompetas para tocar sobre un par de canciones que estaba mezclando.

En México me enfermé de todos los males posibles, incluyendo algo raro en el corazón y una suerte de alergia que se fue tan rapido como llegó. Caminé por Coyoacán, conspiré con gente que quiero. Cocinamos y bebimos y nos quedamos paralizados cuando desde Colombia nos terminaron por correo electronico. Esperamos noticias, tomamos decisiones y más mezcal. Perdí a un gato y sus dueños me cuidaron haciendome sopas y menjurges con la única condición de que yo los levantara con música distinta todos los días.


Luego fueron esos recorridos entre rancheras, huracanes y canciones tristes. Momentos inesperados entre gente que no pensé pudiera llegar a querer así y que me ha sabido arrastrar como un carrito de esos que uno se encuentra en el patio de la casa, esos carritos que son tan bonitos pero están ahí, sin ruedas y oxidados, esperando que alguien les ponga una cuerdita y los devuelva a la vida. Gente que extrañamente cree en lo que yo no soy capaz de creer. Gente que me jala como el carrito sin ruedas que me he vuelto.

Ya no se porqué, un día, Julian me envío Mujer Mariposa. Versión en concierto, cover de Ampersan. Esa bandita de jipis que no saben que me quedé en su casa, la convertí en un muladar y ayudé a que la destrozaran hordas de borrachos latinoamericanos. Leon Chavez Texeiro le escribe a su mujer compañera y le dice: "mujer mariposa, regalame un hijo, y dame el sonido de música nueva que nunca ha nacido". Zindu canta y la banda completa convierte una canción relativamente simple en una maravillosa combinación de ruidos en los que se pasea la historia y el futuro de Mexico. Pero más allá de todo se encuentra esa frase sobre la música, la vida, los sueños, el futuro, lo incierto y lo posible. Hay un tipo de belleza inexplorada en esa frase, un llamado a querer, a creer, a crear.

Me pegué a esa canción como quien intenta aferrarse al borde de un abismo en el que está a punto de caer. La exploré mil veces de mil formas distintas, intenté ver a través de ella, entender el mundo que intentaba describir. Aún no lo comprendo, todavía estoy en el momento en que busco desenredar los pliegues de esa historia, la manera en que entra en las fibras de mi vida, su poder molecular, la vitalidad con la que se entrega a lo posible e indeterminado, la forma en que describe la esperanza en la forma de una vida en creación y se dispone a decir que esa vida solo puede ser definida en la forma de un sonido.

Este año que pasó perdí muchas cosas, empezando por las ganas de moverme, de sentir y de creer en los demás. Sentí que me arrancaron los sueños, la esperanza, laposibilidad de confiar, la solidaridad, la idea de construir caminos distintos pero conjuntos. Ví de cerca el egoísmo, el
utilitarismo, el interes, la displicencia como la forma en la que al final se manifiesta la gente. Sentí tanto asco de mi que aun los rezagos de esa sensación me han impedido verme con cariño. Asco por mi, por lo que me rodea, por la gente, por la vida. Paralisis, silencio, perdida absoluta de la voluntad. Pero tambien, el mismo día que comenzaba, entre botellas de ron y vino, alguien me recordó que en la música, a veces se encuentran las razones para seguir caminando. Y luego conocí Mujer Mariposa, la compartí con la gente que quiero, recordé que vale la pena querer.




domingo, 25 de diciembre de 2011

Las cuarenta

Esto iba a empezar diferente. Pero un día estaba con dos personas más tomandonos una botella de jack daniels (yei di, le decimos los que lo conocemos) mientras mirabamos por la ventana, sigilosos, esperando a que el hombre araña pasara. Depronto, aunque para ser honestos creo que no fue tan depronto sino mas bien una decisión consciente y premeditada, puse las Las Cuarenta. Entre el cantar y el traducir, emergió una parte de la canción que se escapaba a mi comprensión anteriormente. Vi los pequeños destellos del lado amable de la vida y en general el tono pragmatico con que se describe. A pesar de los sueños hechos pedazos y las dagas en el pecho hay un cierto dejo de aprecio por la vida. O más bien de resignación. Pero ahí está.

Con todo, es injusto Santullo con su hija. La hace rimar "cantame Las Cuarenta" como si esa canción no dijera nada, o no quisiera decir nada. La pone contra la pared del tiempo y le hace girar las manecillas tan rápido que en su primera intervención musical, la niña pide que alguien le cante una canción que le curta la piel, la haga dura y ya sin sueños de una vez. Mientras tanto, en cualquier lugar de las memorias sonoras, retumban Rolando Laserie, Ismael Miranda, Adriana Varela, Daniel Santos o Francisco Canaro tratando de cantar las enseñanzas de aquél que llegó con los sueños hechos pedazos a la vieja calle de su barrio, donde dio su primer paso.

Son hombres y mujeres que miran la vida como si ya la hubieran vivido toda, que repiten la sinsalida como el único destino posible. Personas que miran el pasado habiendo bajado ya los brazos o diciendo que ellos, ahora, se vuelven sobre sí mismos para decirnos que no hay nada que valga la pena, que todo es falso, que no hay esperanza ni futuro (medio punk el asunto.) Casi siempre lo dicen en forma de opuestos. "la esperanza fue mi amante, el desengaño mi amigo" o "lancé piedras y escupitajos, al lugar donde ahora trabajo". En todos los casos, intentan recordarnos que al ver sus propias vidas, se han dado cuenta de que no hay ningún camino que valga la pena recorrer. Todos inician con sueños, esperando algo, cualquier cosa, un instante de alegría, de liberación y tranquilidad. Regresan para advertirnos que no vale la pena salir, ni moverse ni querer ni mirar ni sentir. Pocas excepciones a esta manera de contar la vida: Ruben Blades en todos vuelven, Cafe tacuva en La Negrita. Pero en mi registro, lo mas comun es la decepcion, el desencanto.

Ya no soñamos. Lo posible nos ha sido arrebatado. Las Cuarenta han conquistado la vida.

martes, 13 de diciembre de 2011

Canciones para zapatear en diciembre

La verdad, esperamos con impaciencia el día de las velitas. Entre los niños robados y los incendios, es bonito ver el inicio de un ritual. Los amigos vuelven, las fiestas empiezan a pulular. En los pueblos de tierra caliente la gente se sienta frente a la puerta, pone los parlantes en las ventanas y destapa las botellas de aguardiente. Nuestros pies, cada cierto tiempo, empiezan a exigir el baile, cualquier baile. Nos unimos a la procesión, hacemos nuestro el ritual. Bailamos como si fuera la mejor forma de olvidar. Olvidamos, recordamos, dejamos un pedazo nuestro en la pista de baile, esa parte que nos duele y que no queremos ver más. Ahí estamos, quemando los restos de un nosotros que queremos matar entre los beats.

Ani Riddim (feat. Mumdance) - Toy Selectah by thehuajirodreams

CUMBIA ESPACIAL (DRAGAO FEAT. RICHIE ARNEDO PERCUSION) by DRAGAO STYLE

Shazalakazoo - Speaking Balkanian by SHAZALAKAZOO

Beyonce ya me olvido by Boris Low



lunes, 12 de diciembre de 2011

5 canciones para patear diciembre

La gente, nosotros gente, miramos el año mientras se esfuma. Lo vemos como parados en una esquina de un puente que acabaramos de cruzar sin entender cómo llegamos hasta aquí. Vemos los moretones en el cuerpo, esa sensación de haber dejado las visceras en algún punto del camino, nos sabemos desnudos y aniquilados, con la certeza de no poder llorar más y una vaga esperanza por un futuro distinto. Sin embargo, llegamos hasta aquí luego de haber cruzado, aunque fuera arrastrándonos entre adicciones y gritos y vómito y alucinaciones. Depronto se asoma el año anterior y nos damos cuenta de que tenemos la misma sensación de horror ante nuestras vidas, que se han repetido los pasos, que esto no es más que una espiral y que el peso de la historia es muy superior a nuestros deseos.









sábado, 25 de junio de 2011

para un 4 de julio.

Y uno piensa que están muertos. Se dice todos los días que están muertos porque la idea de encontrarselos vivos puede ser más horrible que la muerte. Se repite como un mantra que se afirma en lo cotidiano: ya no están, su cuerpo ya no está, yace en algún lugar...en un río, en una brigada, en la selva. Pero al menos está muerto. Despúes de tanto tiempo, por favor, que estén muertos. Regala sus cosas y se queda con unas cuantas, al tiempo inutiles y necesarias, o recuerdos nimios de la su precencia. todo porque tal vez no están muertos, porque no sabemos. Y uno rehace su vida, o recoje los pedazos de su vida y trata de rearmarlos y vivir como todo el mundo vive. Pero día cualquiera uno se levanta, hace desayuno, se baña, se viste, abre la puerta, sale a la calle...y entre el tumulto de cuerpos se hace presente la idea fugaz, escondida, diminuta, como un instante que retuerce el corazón, de que no esten muertos. De que uno de esos rostros puede que sea nuestro rostro.




viernes, 3 de junio de 2011

30 canciones y una siesta

Day 29 – A song from your childhood

Carta semi abierta:

(....)

Hace casi un mes estaba esperando que llegara y nos vieramos por un par de días, como la ultima vez que pasó por la ciudad y aguantamos el frío relativo para caminar como cuando eramos mas chiquis. Mientras escribía esta entrada, le escribí un correo preguntandole a que hora llegaba y donde se quedaba. Usted me respondió y me dio la noticia aquella.

Desde ese día no he podido terminarla.

Al menos una vez a la semana intento escribirla de nuevo. Repaso las veces que hemos tenido que hablar de temas como estos, de los silencios y la imposibilidad de decir algo al respecto. Lo futíl de la palabra "acompañar", la inevitable distancia, la soledad, la cortesía, las palabras amables. Gardel, Tool y Mirrorthrone hablando de la muerte.

Hoy me decido a terminar esto salga como salga. Una canción que me recuerde mi infancia, que no sea esa canción cruel que rebotaba en mi casa recordandonos a mi mamá y a mi el horror que ya nunca se fue, sino que se parezca más a la búsqueda por encontrarle sentido a estar vivo, arañando la esperanza y aferrandose a creer en la existencia de lo posible. A las noches llorando muertes, celebrando vidas, encuentros y desencuentros que se daban una y otra vez en la contigencia. A los días siguientes recorriendo los pasos de la noche anterior. A la vida.

Debe ser que una canción de infancia para mi es una canción que recorre no solo el pasado, sino que se hace presente de vez en cuando. Debe ser que mis canciones de infancia son canciones de llanto, incertidumbres, huídas y tristeza. Pero tambien debe ser que, en medio de todo eso, siempre hubo un pequeño rincón de mi vida en el que podía creer en la posibilidad de vivir tranquilo. En ese lugar, siempre ha estado su sensatez, calma y fuerza para sobrellevar lo que se aparezca. Solo espero que en algún momento yo pueda sentarme con usted, con una cerveza en la mano, para hacer una vez por usted lo que usted ha hecho toda su vida por mi.

Un abrazo,

yo


(q esta canción no es de mi infancia exactamente, pero de eso no se trata)